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Cuando te pagan el parking y te sale caro

El otro día mi vida pendió de un hilo y todo por culpa de la no presunción. Voy por la calle como si tuviera que recoger a y media a cinco niños del colegio y a veces cruzo en rojo los domingos.

Yo soy así, apresurada para todo pensando que la vida se acaba a la vuelta y en algunos momentos nos ponen a prueba. En una de mis citas con el trabajo, porque tengo más reuniones que gente hay en Tinder, fui a convalidar el ticket del parking.

Es lo bueno que tiene IFEMA y en lo único que pienso cuando me tengo que cruzar Madrid para llegar… ‘Jara, por lo menos, te pagan el parking’. Una frase que solo entenderán aquellos que vivan en Madrid y estén pensando en donar su riñón a la ciencia a cambio de poder meter el coche en azul, si es que cuentas con algo de buena suerte.

El otro día fui a por otra sesión de depilación láser y a punto estuve de salir en paños menores a echar parquímetro. Entre lo que apretaba los dientes por los calambres de la maquinita  y por la rabia de que la hora se me pasase, estuve a nada de buscar en google ‘mejores dentaduras postizas a los 30 y pocos’. Siempre me gusta apuntillar lo de pocos, las cosas siempre hay que dejarlas claras.

El caso es que en IFEMA si estás acreditado para cualquier evento, el guardia te abre la barrera de salida y te vas con una sonrisa como si te acabaras de blanquear los dientes. No sé porque extraño motivo da una sensación de superioridad bárbara.

Cuando me acerqué al mostrador a convalidar el ticket había una cola que daba la vuelta y que yo en ningún momento vi porque la gente estaba muy dispersa. Me coloqué detrás de un señor de proporciones armario ropero a medida, de los que no caben en Ikea, y me dispuse a esperar mi turno con aparente tranquilidad.

Se me acabó cuando detrás de la línea del señor armario la gente empezó a gritar como si hubiese aparecido Puigdemont en suelo español. ¡Eh, tú! Tendrás cara, mira la niña esta… oye, oye ¡oye! Señora, no estoy sorda, tal vez un poco empanada, pero juro que la oigo en estéreo y tiene usted voz para retransmitir cualquier partido de Champions.

¡Qué te has colado! ¡Tendrás jeta! Señora, no he visto que había más gente ¡Sí, hombre! Aquí la gente se piensa que somos tontos.

No le podía hacer cambiar de opinión, le dijese lo que le dijese iba a seguir pensando que me había colado. Esto me hizo reflexionar sobre como los comportamientos se van volviendo a peor conforme vas cumpliendo años. La gente ya no presupone inocencia, eso se lo dejo en la infancia, la gente afirma y afirma sin un voto de confianza a una persona que le está diciendo la verdad.

La gente ya no confía y eso hace que la sociedad vaya a peor en muchas cosas. Se nos ha vuelto el carácter en contra para convivir en comunidad. Y sobre todo agrio, muy agrio.

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Images: Pinterest (Freepik)

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