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‘Quince’: el viaje íntimo con el que Malú vuelve a su raíz, lejos del ruido

Podría afirmar que llegar a un estado de calma te ahorra que yo ahora te cuente todo el periplo hasta llegar aquí y el motivo por el que esta vez no iba a escribir estas líneas.

Solo los asiduos vintage se lo podrán imaginar. Pero si ella es capaz de darle la espalda a los números de la industria yo también soy capaz de darle la espalda a ese eco informativo también llamado procedimiento que como profesional no me salto y es determinante para conocer y descubrir un proyecto. Llegar a escribir esto solo me lo ha provocado un sentimiento, el mismo de siempre, el que hace que la maquinaria se ponga en marcha, lo más puro, el lado contrario al ruido. Sin más dilación, iré al contenido. 

Malú tal vez afirmó ayer una de las frases que yo más me he preguntado en estos meses, cómo se escribe desde la alegría y le he encontrado hasta un punto poético a la desazón creativa. Buceando en el frío de la red encontré algo que me diese una explicación a una portada como la de su nuevo disco,’Quince’, que salió el día quince y que se ha convertido en la niña bonita de la discografía de la cantante. Encontré algo que desconocía y que le dio valor a un proyecto valiente, que ha sabido llegar a la gente. “Persona”, significa máscara. Que viene del latín per sonare: lo que suena a través. Y es que tal vez todos nacemos con ese eco, una voz filtrada, que se aferra a lo que los demás esperan de nosotros. Quizá por eso durante años aprendemos a sonar hacia afuera antes que a escucharnos por dentro. 

En un mundo que cada vez más reivindica la voz propia, es lícito que una mujer como ella haya escogido los decibelios perfectos para sintonizar la armonía. Supongo que la calma solo te la da el destino, no sin antes haber hecho un gran trabajo de introspección. Habla cantando en un lenguaje paralelo de alma y verdad, por primera vez, el corazón le late acompasado, porque ha dejado atrás el pasado. Ha trabajado desde un lugar desconocido pero confortable, ha probado a transitar por las pequeñas cosas y ha encontrado ese camino al que llaman de rosas, sin rechazar las espinas porque, a pesar de todo, fueron las que un día forjaron esas grandes historias. 

Se podría decir que mantiene un valor emocional altísimo porque es de las pocas artistas que es fiel a lo que siente y necesita, donde el arte no es artificial ni autotuneado. Ayer lo demostró en el escenario Dial, en la sala Galileo Galilei de Madrid, un encuentro que organizó la emisora musical para fans y unos pocos invitados. 

Premios, reconocimientos, conciertos… en una industria masificada y ahora más factible para nuevos artistas, ella se mantiene, porque ha logrado colarse en el corazón de la gente. No hay gurú en la industria musical que deje pasar lo que aún nos une, lo primario y necesario, los momentos, las emociones y los sentimientos. 

Está dispuesta a vivir un viaje estratosférico, sin filtros, porque ella siempre ha ido a contracorriente, hay que ser valiente para mostrarle tu alma a la gente. Se la ha jugado y no existe el miedo ni tampoco el abismo, solo la emoción de cada canción. Quizá siempre ha sido así y solo había que saber mirar. Porque nadie puede domarte, cuando eres felizmente salvaje.

Images: Living Backstage.

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