‘Madrid, un momento, ¡no se vayan!, ¿dónde van?. Solo son las 10 y media de la noche, ¡porca miseria!. Por mi sigo, es pronto, ¡yo quiero seguir!’. La gente subía progresivamente las escaleras para salir a la calle después de que las luces se apagaran tras la última canción de la noche cuando Laura Pausini frenó a la multitud de su último concierto en España dentro de su ’Yo canto World Tour’.
Y es precisamente eso, cantar, lo que llevaba haciendo desde las siete y media de la tarde pero al parecer la italiana tenía más historias que no quería dejar atrás. Había cantado algo más de 45 temas y estaba claro que estaba dispuesta a ver el alba. ‘Decidme una canción que me sepa que la canto’. La gente no daba crédito; ‘Hombre es que después de tantos años las canciones se me olvidan, qué creéis’. Éramos un patio de vecinos delante de una estrella internacional que hace tiempo conquistó hasta la luna sin ruido mediático ni nave espacial. Una cantante estratosférica que vive en una primavera permanente. De ella florecieron canciones más recientes y sembró el delirio con sus temas más grandilocuentes. Todo empezó en un castillo, una fortaleza musical desde donde ella dejó claro a los presentes que su manera de estar en el mundo era cantando, ‘nosotros no hacemos la guerra’. Un show en el que de nuevo lanzó un mensaje de poder coherente para todo el que tiene enfrente. Reparte justicia a golpe de melodía, la abanderada de la alegría.
Un icono global que destaca por su fuerza vocal, suave en los poemas como Violeta Parra con ‘Gracias a la vida que me ha dado tanto’ y absolutamente delirante en cualquier instante, acompañada por unos visuales y un equipo humano que conviven bajo un mismo lenguaje fluido entre la luz y el sonido. Se mimetiza con el público, con el que siempre es muy partícipe y no deja pasar la rebeldía para gritarle al amor con justicia poética.
Dos amigos se subieron al escenario y se vivieron momentos que apenas se viven a diario. Jeanette, la leyenda melódica, nos acarició con ‘¿Por qué te vas?’, revolviendo recuerdos y descodificando corazones y Pablo López revolvió ‘El Patio’, que no estaba vacío sino lleno de poderío. Laura Pausini versionó al peruano Gian Marco Zignago con ‘Hoy’, un tema que viralizó Gloria Estefan, también a Bad Bunny, Juan Luis Guerra, Ricky Martín, Mecano o Alejandro Sanz, no falto nadie a la casa de la música, un homenaje a varios cantautores hispanohablantes haciendo gala de amistad y también de libertad. No solo cantó, se transformó. Hasta diez veces se cambió de vestuario, reforzando la dimensión visual del show, un diálogo permanente con gente de todos los continentes. Una artista inclasificable, con un imaginario poderoso, una vida dedicada a tejer melodías y cautivar corazones a base de emociones, ha hecho de la música un oficio propio y la gente la elige como refugio, en plenos tiempos convulsos.
‘La musica finisce, ma l’emozione resta per siempre net nostri cuori’ (La música termina, pero la emoción permanece para siempre en nuestros corazones).
La voz que nos recoloca, la autenticidad que nos salva. Laura Pausini es patrimonio eterno desafiando a un futuro que le pertenece, siendo fiel a si misma y con la convicción de que su (r)evolución, siempre nace del corazón.
Images: Living Backstage.
