He quedado con la actriz Marta Belmonte en Las Salesas, un barrio que se ha consolidado como el epicentro del arte y el diseño en la capital. Galeristas y cafeterías se dan la mano, un lugar donde la cultura forma parte del paisaje cotidiano y también habita en las conversaciones.
Es temprano, llego un poco antes a la cita y a los pocos minutos, desde lejos, observo como se detiene en la confluencia de dos calles mirando a su alrededor. Elevo la voz con la intención de guiarla; ‘vas bien, Marta, ¡estoy aquí!’. No hay mucha gente, el verano ha retrasado el pulso de la ciudad y ella ha dejado a doña Marta en el set de rodaje, lo que permite nuestro encuentro.
Pocas actrices hacen tan evidente la distancia entre el personaje y la persona, cuesta creer que la mujer que tienes delante, es la misma mirada que sostiene el peso de la ficción más vista de la televisión. Detrás del umbral, en la vida real, sus ojos azules siguen contando historias fascinantes. Las anécdotas hacen que el tiempo se nos escape y las preguntas sigan intactas. Es de las pocas veces que no soy metódica en el orden porque quedamos para una entrevista y acabamos encontrando una conversación. Es calmada, reflexiva, tiene un poder de escucha que roza el don y tengo la impresión que no es fortuito. Asiente con los ojos como si quisiera mirar hacia dentro en una voluntad sincera de comprender.
He hablado últimamente con compañeros que han trabajado con ella para mi propio trabajo de campo, no tengo ningún interés en descifrar algoritmos más allá de los profesionales, pero como preguntar viene de formación profesional, me interesa todo aquello que ofrece en escena. Todos me hablan de una compañera excelente y profesional.
Si alguien piensa que la catalana es un fenómeno surgido de la nada, se equivoca. Además de coherencia, posee una buena conversación. Y talento, claro. De hecho, a su lado una toma conciencia de la ligereza con la que suele utilizarse esa palabra. La interpretación nunca ha compartido espacio con otra alternativa aunque después de escucharla resulta difícil imaginar que pudiera necesitarlo. Y es que comprendo que hay convicciones tan profundas que no hay espacio para un plan B.
Hago un esfuerzo titánico para no interrumpirla todo el rato pero lo hago, no por falta de respeto sino porque hay miradas que se sostienen en la misma dirección.
Una actriz que ha puesto, con atino, sus propios límites fuera de la divulgación artística, el ejercicio de un derecho tan lícito como humano. En una época en la que la exposición parece haberse convertido en una obligación, resulta casi contracultural reivindicar el derecho a la discreción. Tiempos en los que se ha confundido la cercanía con el acceso ilimitado. Hay una delicadeza, incluso una forma de elegancia, en comprender que el respeto consiste en no convertir la curiosidad en exigencia.
Todo es más sencillo de lo que parece, no hay ni rastro de una diva del audiovisual pero sí juega en otra dimensión intelectual, una autenticidad que, como sociedad, nos salva en el borde del abismo.
Marta de la Reina le ha llevado a la popularidad pero el gran público nunca la vio como una estrella fugaz. Una actriz imposible de ignorar, en un momento estable, llena de un talento indudable, donde lo mejor de su historia, la llevará a lo inevitable.
Has construido una carrera sin hacer demasiado ruido, pero con una enorme continuidad. ¿En qué momento comprendiste que permanecer en esta profesión ya era, en sí mismo, una forma de éxito?
Pues mira, hace unos años la Unión de Actores, de la que soy miembro del sindicato, empezó a emitir datos sobre las actividades artísticas del gremio, del porcentaje de parados_ creo que era como un 80 y pico por ciento que vivían por debajo del umbral de la pobreza_. Creo que solo un 5 % o un 8 % conseguía vivir de esta profesión. Me considero una privilegiada porque, a rachas y a épocas, llevo veinte años trabajando de esto. Ahí empiezas a ser consciente de que, aunque haya épocas de todo, ya eres una afortunada. No tengo un plan B, nunca lo he tenido. Y, en cuanto a mi carrera, no ha habido mucha decisión de cómo llevarla a cabo. No sé si eso ha sido un error o simplemente una falta de perspectiva. Nunca tuve la intención de construir una carrera concreta a medio o largo plazo. Quizá me faltó visión, pero siempre he ido muy sobre la marcha. Supongo que tiene que ver con la forma de ser de cada uno. He ido capeando y tomando decisiones sobre la marcha. Ahora estoy en otra etapa. Empiezo a preguntarme qué quiero hacer, qué sí y qué ya no y cómo llegar a esos sitios. Quizá he pecado de novata o de naïf, pero, para bien o para mal, no me ha ido mal.
¿Qué has aprendido sobre la paciencia en una profesión donde casi todo depende de que alguien te elija? ¿Y qué has aprendido de las etapas de silencio entre un proyecto y otro?
Que no puedes esperar a que alguien te elija. O laboralmente o emocionalmente tienes que mantenerte ocupada. No puedes poner toda tu mentalidad, tu energía, o toda tu alegría en que alguien te llame para un trabajo. O bien porque estés entrenando, estudiando jardinería, o tienes un grupo de amigos muy fuerte y también inviertes tiempo en ellos, o porque te gusta mucho la lectura, escribes o produces. Aunque a veces, un plan B puede distraer, o dividir energías, creo que emocionalmente sí hay que tener complementos que te nutran, independientemente de que tengas trabajo.
Es que emocionalmente debe ser complicado…
Sí. Estás cuatro meses, dos semanas o el tiempo que sea metida en un rodaje, como un Gran Hermano, que es una experiencia muy intensa, y después vuelves a tu vida.
Pero eso para los artistas creo que es diferente… es como más intenso
A veces son experiencias muy intensas que te sacan completamente de tu vida. La interrumpes. Recuerdo que Milena Smit lo contaba muy bien en una entrevista. Ella ya muy joven vivió algo muy intenso con Almodóvar y contaba como de repente, dejas tu vida en pausa. Por eso para mí siempre ha sido importante recordar que tienes una vida a la que volver. Hay gente a la que se le va la pinza y son tus amigos, tus parejas, tus intereses… los que siguen estando ahí. Porque lo otro se acaba. Los proyectos van y vienen, pero tú tienes un campo base, y ese campo base hay que tenerlo muy nutrido. Tienen que entender que tú vas y vienes, pero es maravilloso tener un buen sitio al que volver. Saber que ese sitio está tranquilo mientras tú te vas unas semanas o unos meses y que sigue ahí cuando vuelves.
¿Hay algo que nunca negociarías como actriz, aunque supusiera perder un proyecto?
La integridad. La integridad como persona. Hay ciertos valores que no negociaría nunca. No aceptaría un contrato humillante ni un trato vejatorio, ni nada que pusiera en riesgo mi salud física o mental. No hay tanta hambre.
¿Qué has aprendido sobre ti gracias a esta profesión que probablemente no habrías descubierto de otra manera?
Que, a veces, soy muy impaciente pero también increíblemente paciente dependiendo de la situación, anhelo más disciplina, soy bastante caótica. No soy especialmente ordenada, hay gente que se prepara, se planifica mucho las cosas, yo doy más vueltas, lo hago de una forma quizá un poquito más original. Pero bueno, sólo es una idea de cómo deberían ser las cosas. He descubierto también otra cosa: que, en el fondo, lo que yo quería era jugar con gente. Claro que hay una sensibilidad y una inquietud artística que tenemos la mayoría, queremos hacer algo especial y aprender pero creo que, básicamente, en el fondo, es como no, no… yo lo que quiero es jugar, jugar con gente.
Después de habitar tantas vidas, ¿crees que es más fácil comprender a las personas o, al contrario, cada vez hay más preguntas?
Es que hay tantas vidas como personas, así que nunca se acaba. Yo intento justificar al personaje, quiero decir, entender porqué. Que tenga coherencia, que sea verosímil, que sea creíble que esta persona toma esas decisiones. No sé si aprendes de otros. Creo que cuando aprendes algo haciendo un personaje lo aprendes de ti en el fondo. Creo que al final es un trabajo de compasión hacia lo humano en sí.

Actuar implica exponerse constantemente al juicio de los demás. ¿Se aprende a convivir con esa vulnerabilidad o nunca desaparece del todo?
No sé si hay muchos papeles que exijan una exposición real. Creo que la mayoría de las veces trampeamos, como en la vida. Pero recuerdo que, viendo al Joker de Heath Ledger, entendí muy bien que cualquier trabajo artístico es, en el fondo, un ejercicio de libertad. Cuanto más libre seas tú para pintar, cantar, interpretar… cuanto menos te juzgues y más libre seas, mejor, y al mismo tiempo es cuando más vulnerable y más expuesto estás. Creo que ahí radica precisamente cualquier éxito artístico, es un ejercicio de libertad.
Con doña Marta, por ejemplo, me permití hacer cosas que, al principio, estaban un poco en el límite del código de la propia serie. Había algo ahí de novela clásica, de cine antiguo, incluso un cierto amaneramiento que estaba un poco en el límite del tono pero que a mí me parecía muy divertido y que podía encajar bien con el personaje, con esa máscara y esa construcción social de ella misma. En el set recuerdo pudor en la escena que suelto de forma radical ‘que me conteste ella’ y era como: «Dios mío, me voy a pegar una ostia. Pensaba a la vez.. ¿esto está grabado?. Esto es un meme andante». Es, precisamente, lo que funciona del personaje. Creo que el éxito fue tener la libertad de proponerlo. Como Cecilia Suarez en La casa de las flores, cuando esa actriz maravillosa decide poner “esa” voz… Ahí te expones: a que un director o una directora te diga que no, a que te critiquen, a pegarte un batacazo, pero si no hay ese ejercicio de libertad, es muy difícil, creo que ahí está la vulnerabilidad. Para la mayoría, es una conquista.
Con los años, ¿se vuelve una más exigente con su trabajo o más compasiva consigo misma?
Las dos cosas. Ahora soy más consciente de cuando hago algo que podría haber llegado a otro lugar, soy más minuciosa con eso, y a la vez más comprensiva viendo también por qué sí ha salido, o no, por qué no me he lanzado o si no me han acompañado a llegar.
En una diaria supongo que uno se castiga más, ¿no?
Una diaria es otra cosa. Tiene otro ritmo y otras exigencias. Pero, aún así, tengo que decir que me siento muy acompañada en “Sueños”, mucho más que en otros proyectos. Aunque todo vaya tan rápido, hay espacio para dialogar con los directores y directoras. Ha habido escenas que se han propuesto que no estaban en guion, cambios… Sí he encontrado espacio para proponer, todo de forma muy muy rápida, hay en otros proyectos que son más lentos o que se vanaglorian de tener otro tipo de producción pero en los que de repente no existe ese diálogo.
Soy más exigente, sí, pero siempre teniendo en cuenta las circunstancias. No me castigo por no haber llegado a una secuencia cuando solo hemos tenido una toma. Me sabe mal, claro, pero entiendo muy bien las circunstancias. Entiendo que lo podía haber llevado mejor preparado o no, que estaba demasiado cansada. Vale. Pero no me castigo, creo que sé ver el contexto. Los actores necesitamos un contexto para florecer. O sea, admiro a los actores que se blindan a un nivel como para florecer, independientemente de todo, ese es un poco también el logro. Estar relajado y listo a pesar del set de rodaje, a pesar del tiempo.
En la interpretación se habla mucho de cómo la edad puede influir en las oportunidades, especialmente para las mujeres. ¿Sientes que con el paso del tiempo la industria mira de otra manera?
Supongo que hay porcentajes y hay una experiencia común al respecto. Si soy sincera, y hablo de mi experiencia personal, no es mi realidad. Históricamente han escrito más hombres, producen más hombres, que interesan por historias de hombres muchas veces historias con mujeres guapas y jóvenes. Y en la medida en que ahora más mujeres entran en la industria ocupando puestos de poder, empiezan a contarse otro tipo de historias y a interesar otro tipo de mujeres y de otras edades. Ahora hay más papeles y más historias. Es una realidad que va cambiando, aunque muy despacio. Pero pasa en todos los trabajos, no solo en la interpretación. Y más si tienes en cuenta que tienes una familia o si quieres criar hijos. Muchas compañeras o han abandonado, se han visto obligadas por no poder compaginarlo con su vida o han acabado hasta el moño porque ya no les interesa o no era sostenible. Es una realidad común, que va mejorando.
Yo a los 20 años ya estaba en Madrid con una formación bastante decente, bastante solvente, creo. Y en ese momento no había todos los papeles de chavales que hay ahora. Podría pensar: «Qué rabia, si todo esto me hubiera pillado con veinte años…». Pero me pilla ahora. Y la realidad es que, ahora llevo dos años sin parar de trabajar y creo que mis perspectivas de trabajo son buenas, para mí ahora mismo estoy en mi mejor momento. Mi sensación es que ahora mismo empiezo mi punto fuerte de la carrera. No quiero entrar en una idea de edadismo que hay que dejar de reforzar.
Carmen Machi me decía que a partir de los cuarenta, le han llegado los mejores papeles. Supongo que también influye el momento de cada uno
Yo no volvería atrás. Claro que hay personajes a los que me habría encantado acceder con veinte o con treinta años. ¿Y qué hacemos?, esto es así. Si hiciste un Romeo y Julieta, lo hiciste. Y si no, probablemente ya no lo harás.
Vienes del teatro físico y de técnicas como Lecoq. Supongo que todas esas herramientas ayudan en una diaria, donde tenéis tantos frentes abiertos a la vez
Bueno, claro, hay un momento como que te formas mucho, viajas, haces tu currículum y después pasan los años y ves que hay cosas que jamás vuelves a utilizar. Yo estuve en la India haciendo Kathakali y a mí no me preguntes nada porque no recuerdo absolutamente nada (risas). Eso sí, tengo fotos del viaje (risas).
Son técnicas interesantes, en realidad…
Sí, lo que pasa es que luego no he desarrollado tanto mi carrera en el teatro, lamentablemente. Y cuando finalmente he trabajado en teatro, muchas veces los directores o las producciones no utilizan ese tipo de herramientas con las que tú te has formado.
Te lo digo porque, cuando veo a doña Marta, en la mirada, en los silencios… se nota ese trabajo
Hay algo de la gestión física que está integrado, hay algo de la fisicidad de doña Marta que sí que es elegida. Y quizás si no hubiese hecho una formación física, no podría jugarla de esa manera. Pero claro, en esas técnicas ahora estoy algo más desentrenada porque no suelo utilizarlas. Es como quien canta ópera o hace Teatro del Arte, si no es una herramienta que utilices normalmente después te tienes que poner un poco las pilas.
Da la sensación de que siempre has dejado que hablen primero tus personajes. ¿Crees que esa distancia entre la actriz y la exposición pública también forma parte de tu manera de entender este oficio? ¿O piensas que la interpretación pierde algo cuando el espectador conoce demasiado a la persona que hay detrás del personaje?
Es un debate que hemos tenido entre amigos. Durante la gira de Cielos, por ejemplo, pasábamos mucho tiempo en la furgoneta hablando de esto: hay esta cosa de guardar el misterio o no. La verdad es que no tengo ni idea porque es muy nuevo todo esto de redes. Lo que sí tengo claro es que la gente que presupone que tú eres un personaje público por ser actor o actriz creo que está profundamente equivocada. Yo no tengo ningún compromiso, ninguna obligación de mostrar mi vida privada. El arquitecto no te tiene porqué mostrar su casa, el arquitecto no te tiene porqué decir si está casado o no. El arquitecto te diseña tu casa y te cobra. Y te gusta la casa o no. No tienes que ir al bar a tomarte una cerveza con tu arquitecto de confianza.
Después está el mundo celebrities, el mundo figura pública, o sea, eres público porque compartes parte, porque se te conoce, pero no tengo ninguna obligación de compartir mi vida privada, no vivo de eso. Hay gente que sí, que vive de su historia privada o de su figura pública. Y está muy bien. A día de hoy no es mi caso. Aprovecho, he hecho un par de colaboraciones, disfruto de las ventajas pero en mis redes se ve que no hay un interés por mostrar mi vida privada. La poca que mostraba ya no la muestro porque no me siento cómoda especialmente. Y quien no lo entienda, pues no tengo mucho que explicar. Es que no me interesa.

¿Crees que esa exposición pública puede afectar a la manera en que el espectador entiende tus personajes?
Sí, creo que puede llegar a afectar. A mí a veces me pasa como espectadora. Cuando veo trabajar a actores muy conocidos, hay un pequeño margen que necesitas traspasar para dejar de ver a Brad Pitt, por ejemplo, y empezar a ver al personaje. En cambio, cuando ves una serie extranjera y no conoces a ninguno de los actores, que a lo mejor en su país son famosísimos, la miras con una libertad completamente distinta. A veces he visto interpretaciones extraordinarias de actores muy conocidos y pensaba: «Está fantástico, pero sigo viendo a fulanito». Y probablemente sea un problema mío como espectadora o quizás tengo demasiada información de ese actor fuera de la pantalla como para obviarlo.
¿Y crees que, por mantener esa distancia, puedes perder oportunidades como actriz? Es uno de los debates dentro de la profesión…
Hay sensación quizás de que pierdes un tren…que deberías estar, que las redes te van a aportar… Pero no deja de ser una idea que puede funcionarte o no funcionarte. Hay gente que se mueve muy bien en redes y las redes le pueden aportar visibilidad o una imagen o lo que sea… Hay gente a la que no. Nunca vas a saber. Yo creo que tengo Instagram un poco porque se supone que hay que tenerlo, la verdad. No creo que tuviese un perfil público en Instagram en otras circunstancias, pero bueno, ahí voy capeando.
Marta, somos de otra generación…
Sí. Soy muy analógica. Hay algo de las redes con lo que no termino de conectar, y creo que además es obvio. Hago fotos, incluso muchas veces fotografío cosas pensando que podrían ir a Instagram, pero luego nunca las publico. Tengo el móvil lleno de imágenes que se han quedado ahí porque, al final, me pregunto: «¿Para qué?». No acabo de conectar del todo con para qué estoy compartiendo eso personal. Sé que hay gente, que hay fans pero yo con esa gente comparto mis personajes .
Hay gente que ha encontrado ese equilibrio entre lo personal y lo artístico y tiene perfiles muy bonitos. Yo no lo he conseguido. Y está bien. Yo creo que Twitter (X) me va a durar dos doritos. Al principio era muy divertido, después dejó de serlo. Y ahora lo cotilleo a veces y puedo seguir las escenas para ver por dónde va la serie.
Te viene una buena ahora…
Que llueva, que llueva… A mí la lluvia me gusta.
¿Hay algo que solo hayas aprendido después de muchos rodajes y que te hubiera gustado saber al principio?
Prestar un poco más de atención a lo que se llama el networking, quizá. A saber quién produce, quién escribe, quién tal… yo siempre me tomo una copa o hablo con alguien y hablo de lo que en el momento me apetece. Y admiro mucho la gente que de forma natural entiende el networking y lo importante que es. Y ahora me digo; “vale, date la putivuelta en el estreno y saluda, y dedícale un tiempo”. Pero sí, es importante saber quién paga la fiesta. No para hacer la pelota, no. Pero después te encuentras en un sitio, te presentan a alguien y es como: «Ah, sí, estuvimos trabajando juntos». Me parece interesante. Yo tuve mucho miedo durante mucho tiempo a que pensasen que yo me aprovechaba de la situación.
Yo no iba a algunas cenas solo porque: «no… vente va a venir la de la productora no sé qué…». Ahora estoy en un momento en el que puedo ir, sé que va a venir una productora que es importante, que me interesa y puedo comportarme de forma natural y si le gusto bien y si no también, pero también sé que es importante quizá ir y ver qué pasa. Ya he llegado a un punto en el que me siento cómoda.
Pero esto, me ha costado. Hay gente que se vende muy bien, que se presenta y dice; «¡ah, me encantan tus pelis, dos besos!». Yo, en cambio, podía haber trabajado con alguien y, si me lo encontraba en un evento, pensaba: «No voy a molestarle ahora». Ahora hago el esfuerzo de decirme: «Marta, seguro que está encantado de saludarte». Es importante… hacerte ver, sin provocar conversaciones que no son reales, ahí creo que uno tiene que ser como muy honesto.
Ah… también he aprendido lo importante que es relacionarse bien con todo el mundo, cada pieza del equipo, en el set del rodaje. Eso si, tienes que mantener tu concentración, no es el patio del colegio.
A mí me llamó una amiga y me dijo; «estoy rodando con tal y con tal actriz y x no se junta con nadie», me la puso a caer de un burro. A las dos semanas me llama y me dice; «fantástico el trabajo que ha hecho!, total, que esa actriz ha protegido su trabajo, estaba concentrada en lo que tenía que estar. Hay que llevarse bien con todo el equipo, si luego ya hay colegueo además, pues es otra cosa.
En ‘Sueños de libertad’ habéis hecho mucha piña, lo vi el otro día en rodaje
Sí, son muchísimas horas. Una serie diaria es otra historia. No son cuatro semanas de rodaje, son tandas de ocho meses que invitan a hacer el imbécil, charlar, hacer la croqueta… Porque pasas más horas ahí que en tu casa.
No sé cómo lo hace la gente que además tiene hijos o mil responsabilidades más…
Pues al final es mucho más cansancio, pero también es un ancla muy fuerte fuera de la serie. Y para los niveles de estrés también ayuda a tener algo que no sea la serie, es muy necesario, acabas más agotado, pero mentalmente, vitalmente, airea. El problema es cuando solo tienes la serie y llegas a casa y tienes que estudiar y parece que estás metido en el bucle del infierno. Hay que cuidarse mucho porque tienes que concentrarte, pero no te puedes quedar solo ahí. Porque te quema.
¿Le das muchas vueltas cuando llegas a casa?
El verano pasado no gestioné bien el descanso y entonces este año he tenido momentos difíciles en los que el cansancio ya no es solo físico. El sistema nervioso es como: «vale, espérate, espérate.. esto tengo que llevarlo mejor, ¿cómo puedo hacerlo mejor?». De repente, el sistema digestivo se me fue un poco al garete, el sistema inmune por los suelos y digo; «¿en qué momento he tropezado?». Te planteas; «¿estoy durmiendo bien?, ¿estoy relacionándome bien?». Hay veces que no te da tiempo ni de pensar, vas en plan automático, estresado, a disgusto o te quejas, de repente te das cuenta y es como; «vale, no, stop!!». A veces voy con los tacones en la mano corriendo bajando al set y dices: «a ver, despacio». Aprendes a gestionarte.
Perdona por la pregunta manida pero… ¿Marta Belmonte sueña con ser una chica Almodóvar?
Me encantaría tener la experiencia de trabajar con un director como Almodóvar, desde luego. Es una experiencia muy especial participar de una figura del cine como Pedro Almodóvar, ojalá.
¿Sientes que las actrices de tu generación habéis tenido que abrir camino en determinados aspectos de la profesión?
Creo que todas las generaciones han tenido que abrir camino. Mi generación ha estado en una posición concreta y que ha tenido que romper con ciertas cosas, pero la generación de antes ya tuvo que romper con otras, así como las del destape tuvieron que romper con unas, después hubo que taparse, después hubo que pedir límites, salarios, #MeToo, coordinación de intimidad, cada generación ha roto lo que se podía romper en esa época.
El otro día entrevisté a Silvia Abascal y me contaba que, cuando hacía ‘Pepa y Pepe’, hasta los del catering subían a mirar cuando había una escena de cama
Y esto sigue pasando hoy. En teatro o rodaje, a veces no están en el set, pero sí en el convo, ¿qué hace el del catering en el convo?.
Ahora ya existen coordinadores de intimidad. ¿Es una figura que está presente en todas las producciones, es obligatorio?
No en todas, no es una obligación. Es una figura que cada vez está más presente y cada vez se entiende mejor, pero es relativamente nuevo y necesario.
¿Te gustaría dirigir algún día?
Sí, aunque cuando pienso en dirigir siempre imagino proyectos propios y en teatro especialmente.
¿Y qué historias te interesa contar?
Me gustan mucho las historias de crecimiento personal. Las que suelen ser además metafóricas.
¿Ya estás dando pasos en esa dirección?
Bueno, estoy haciendo cursos de escritura, me gusta mucho, siempre hay ideas y cosas pero ya veremos si queda en algo.
Normalmente, la gente que se dedica más a la parte artística, en su momento de boom no suele ir paralelo con el disfrute, ¿tú estás disfrutando de este buen momento o la vorágine no te lo permite al 100%?
A ratos. Tampoco noto el boom, yo noto que estoy trabajando mucho.
Bueno, como dicen ahora, estás en tu prime
Yo me noto en mi prime, si (risas).
Marta… tú también estás en un gran momento
Yo estoy en un momento muy bueno, sí, pero no diría que es un Boom como el que antes me comentabas, para mí un boom es el momentazo que está viviendo Victoria Luengo, por ejemplo, que la conozco un poco y digo; «uf, está en un momento de boom… ». Lleva mucho tiempo trabajando muy muy bien, pero ahora como que veo que ha florecido a tope, ¿no?. Está en pelis, series, en Cannes, está con Sorogoyen otra vez y con Bardem, viene de hacer ‘Prima Facie’, muucho teatro, la veo radiante en prensa… y eso para mí es como el boom que dices. Yo soy popular para la gente que ve la serie. Pero no soy famosa. Siempre lo digo, si vas en metro y en el autobús tranquilamente, pues no eres famosa. Y está muy bien.
¿Y cómo llevarías perder ese anonimato?
A mí el anonimato me gusta mucho. Soy un poco como Keanu Reeves: déjame comerme una hamburguesa tranquilamente en un portal o tirarme un rato en la hierba de un parque.
Images: Cortesía de Asier Corera para Living Backstage (@asiercorera).
