Desde la primera conversación entre Coosy y Miguel Palacio, surgió una intención que trascendía en tendencias y temporadas, un gesto de respeto hacia la moda concebida como un arte pausado. Ambos imaginaban una colección que no compitiese con el tiempo, sino que lo celebrase. Una propuesta concebida con calma, construida desde la esencia, donde cada tejido y cada color preservan la memoria de unas manos, de una técnica y de un origen.
Así comenzó el camino hacía los 60 looks que han presentado en MBFWM, que reivindican una elegancia atemporal, ajena a la prisa y el ruido, sostenida únicamente por la presencia. Una colección que interpreta a la mujer contemporánea a través de un lenguaje profundamente artesanal.
El proceso creativo arrancó lejos de las pasarelas, en un universo de telares, fibras, pigmentos y silencios llenos de intención. Antes que los bocetos, llegaron los materiales, porque la premisa era clara: la materia debía ser la protagonista absoluta. Los algodones estructurados se
trabajaron como pequeñas arquitecturas; los jacquares, diseñados especialmente para la colección, comenzaron a contar una historia propia; los tejidos fluidos jugaban con la luz como si respiraran; y los colores se elaboraban mediante técnicas artesanas, casi rituales, donde cada tono nacía capa sobre capa. No había artificio: sólo origen.
Un desfile lleno de intención y flechazos donde las invitadas han sido también protagonistas del momento luciendo sus mejores outfits de la marca de Virginia Pozo, Coosy, que hace las delicias de miles de mujeres desde hace ya varios años.












Images: Cortesía de MBFWM Ifema para Living Backstage.
